La polinización de plantas por animales es uno de los procesos clave que garantizan la reproducción de las plantas con flores y el mantenimiento de la biodiversidad. Distintas actividades humanas tales como la fragmentación del hábitat, la modificación de hábitats naturales, el cambio climático y la introducción de especies exóticas representan una amenaza para las interacciones plantapolinizador (IPP) (Allen-Wardell et al. 1998). En este sentido, existen fuertes evidencias que revelan la reducción de la diversidad y de la abundancia de polinizadores en distintos ecosistemas afectados por estas actividades (ver Steffan-Dewenter et al. 2005). Algunos estudios sobre las consecuencias de esta reducción de polinizadores han demostrado que una disminución de las tasas de polinización afecta negativamente no solo a los ecosistemas naturales sino también la productividad de los cultivos (Klein et al. 2007). Estos dos aspectos han generado preocupación, en los ámbitos académicos, sobre una potencial “crisis global de polinización”. Hasta la fecha, y a pesar de que dos de los trabajos pioneros sobre el papel de la fragmentación del hábitat en la polinización de plantas nativas y sus poblaciones de polinizadores fueron realizados en Argentina (Aizen & Feinsinger 1994a, b), gran parte del debate se ha basado en evidencias provenientes de sistemas naturales y agrícolas principalmente norteamericanos y europeos y, en menor medida, centroamericanos y asiáticos (Ghazoul 2005).

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